El Jung y el Yan

Y llegamos, por fin a París. Los guardias, al ver aquel coche tan destartalado nos pararon, obviamente. Nosotros dijimos que eramos españoles, y sacamos los pasaportes. Todo bien. Nos registraron de arriba a abajo,  luego cuando se dirigían al coche ya nos fuimos andando y les dejamos. Nos invitaron a una fiesta, pero no nos pareció oportuno aparecer. Entoces vimos Notre Dame, mi amiga, en paz descanse, dijo que ibamos a dormir allí y a mi no me pareció seguro. Para no parecer un cobarde me enfadé con ella, y le dije que ibamos a buscar una pensión. Una pequeña, limpia y barata pensión. Resultó ser la semana de la moda. Vimos una pensión, complet. Otra, lo mismo. Y así. Nos paramos en un parque. Y nos tumbamos para dormir.

A mí me pasó esto en Estocolmo.

Déjame terminar. Que pierdo el hilo. Dónde estaba... Ah, sí! Pues vino un borracho y se tumbó a mi lado. y luego me dormí.

Debiste dormir bien calentito. A mi ésto otro no me pasó. No vino nadie. Me moría del frío. Imagínalo. ¿Entonces es verdad lo que dices, que no has oído nunca hablar del Yin y el Yang?

Pasa alguien y le suelta: ¿Y tú? ¿Has oído hablar del Jung y el Yan?

¿El Jung y el Yan?

Tampoco sabe nada.


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